Hace años, acompañando a una empresa familiar colombiana en pleno proceso de crecimiento, el gerente me dijo algo que nunca olvido:
“Julio, aquí nunca ha pasado nada grave… así que no veo por qué preocuparme tanto por los riesgos”.
Seis meses después, un evento que nadie había anticipado —ni documentado— detuvo la operación durante semanas, deterioró la confianza de clientes clave y dejó secuelas internas difíciles de sanar.
La gestión de riesgos no falla por falta de inteligencia; falla por exceso de confianza, por improvisación y por creer que “eso aquí no pasa”. En Latinoamérica, y especialmente en Colombia, veo este patrón repetirse en empresas grandes, medianas y pequeñas.
En este artículo te comparto los nueve errores más comunes en la gestión de riesgos empresariales, no desde la teoría, sino desde la práctica real de más de tres décadas acompañando organizaciones. Y, sobre todo, cómo evitarlos con un enfoque estratégico, humano y sostenible.
1. Creer que la gestión de riesgos es solo un requisito normativo
Uno de los errores más frecuentes es tratar la gestión de riesgos como un documento que se hace “para cumplir”. Se elabora una matriz, se archiva, se presenta a un auditor… y nunca más se vuelve a mirar.
En Colombia, normativas como el Sistema de Control Interno, el SARLAFT, el SAGRILAFT, el SG-SST o incluso los lineamientos de gobierno corporativo exigen identificar y gestionar riesgos. Pero cumplir la norma no equivale a gestionar el riesgo.
Cuando la gestión de riesgos se reduce a un trámite, se pierde su verdadero valor: anticipar escenarios, proteger a las personas y garantizar la continuidad del negocio.
Las organizaciones maduras entienden que el riesgo no es un enemigo, sino una fuente de información estratégica para la toma de decisiones.
2. Delegar el riesgo únicamente al área de cumplimiento o auditoría
He visto empresas donde “el riesgo” es responsabilidad exclusiva del revisor fiscal, del auditor interno o del oficial de cumplimiento. El resto de la organización siente que ese tema no les compete.
Este enfoque es profundamente peligroso.
La gestión de riesgos es transversal. El riesgo vive en los procesos, en las personas, en la cultura, en la tecnología, en las decisiones diarias. Si los líderes operativos no participan, el mapa de riesgos será incompleto y desconectado de la realidad.
3. Confundir experiencia con inmunidad
“Llevamos 20 años haciéndolo así y nunca ha pasado nada”.
Esta frase es una alerta temprana. La experiencia es valiosa, pero cuando se convierte en soberbia, deja de proteger y empieza a exponer.
Los contextos cambian:
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Cambia la regulación
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Cambia la tecnología
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Cambian los clientes
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Cambian los modelos de negocio
Lo que ayer funcionó, hoy puede ser un riesgo crítico. Las empresas que no revisan sus supuestos están caminando con los ojos puestos en el retrovisor.
4. No priorizar los riesgos correctamente
Otro error común es tratar todos los riesgos como si fueran iguales. Listas interminables, matrices saturadas y ninguna claridad sobre qué atender primero.
La gestión efectiva de riesgos no consiste en identificar muchos riesgos, sino en priorizar los que realmente pueden afectar la continuidad, la reputación y la sostenibilidad del negocio.
En Colombia, eventos como:
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Sanciones por protección de datos
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Incumplimientos laborales
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Fallas tecnológicas
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Dependencia excesiva de personas clave
pueden escalar rápidamente si no se gestionan con criterio estratégico.
👉 No todo riesgo es urgente, pero algunos son mortales si se ignoran.
5. Ignorar el riesgo humano y cultural
Muchas organizaciones se concentran en riesgos financieros, legales o tecnológicos, pero subestiman el riesgo humano.
Rotación silenciosa, desgaste emocional, liderazgos tóxicos, comunicación deficiente, resistencia al cambio… todo esto genera riesgos reales y acumulativos.
Un equipo desmotivado no solo baja la productividad; aumenta la probabilidad de errores, conflictos, fugas de información y decisiones reactivas.
Desde nuestra experiencia, los riesgos culturales mal gestionados suelen ser el origen de crisis más profundas que las técnicas.
6. No actualizar los riesgos frente a la transformación digital
La digitalización trae eficiencia, pero también nuevos riesgos: ciberseguridad, dependencia de proveedores tecnológicos, automatizaciones mal diseñadas, exposición de datos sensibles.
Muchas empresas adoptan herramientas sin evaluar riesgos asociados ni capacitar a su equipo. El resultado: sistemas subutilizados, brechas de seguridad y procesos frágiles.
Aquí es clave integrar la gestión de riesgos con la transformación digital consciente, no impulsiva.
👉 Si la tecnología avanza más rápido que la cultura y los controles, el riesgo crece exponencialmente.
7. Reaccionar solo cuando el riesgo ya se materializó
Este es uno de los errores más costosos.
Esperar a que “pase algo” para actuar implica:
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Pérdida de control
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Daño reputacional
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Costos financieros innecesarios
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Estrés organizacional
La verdadera gestión de riesgos es anticipativa, no reactiva. Se trata de leer señales tempranas y tomar decisiones antes de que el problema estalle.
8. No vincular la gestión de riesgos con la estrategia del negocio
Cuando el riesgo se gestiona de forma aislada, desconectada del plan estratégico, pierde impacto.
La pregunta clave no es solo “¿qué puede salir mal?”, sino:
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¿Cómo este riesgo afecta nuestros objetivos?
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¿Cómo condiciona nuestro crecimiento?
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¿Qué decisiones estratégicas debemos ajustar?
Las organizaciones inteligentes integran el riesgo en la planeación, la inversión y la innovación.
9. Creer que gestionar riesgos es caro
Paradójicamente, muchas empresas evitan una gestión estructurada de riesgos por considerarla costosa.
La realidad es otra: lo caro es no gestionarlos.
Una sanción, una demanda, una crisis reputacional o una falla operativa grave cuesta mucho más que una asesoría preventiva bien hecha.
En nuestra filosofía lo decimos claro:
Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. JUNTOS PODEMOS HACER GRANDES COSAS.
Si sientes que tu empresa está creciendo, pero los riesgos no están siendo gestionados con la misma madurez estratégica, este es el momento de actuar.
Hace un tiempo acompañamos a una organización que crecía rápido, pero vivía apagando incendios. Cada semana había una urgencia distinta. Nadie entendía por qué.
Cuando revisamos su gestión de riesgos, encontramos algo claro: sabían mucho de su negocio, pero poco de sus vulnerabilidades.
Trabajamos juntos, redefinimos prioridades, alineamos cultura, procesos y estrategia. En menos de un año, no solo redujeron incidentes, sino que tomaron decisiones con más serenidad y visión.
Hoy, esa empresa no teme al riesgo: lo entiende y lo gestiona.
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